
Una cruel broma arruina la vida de los mejores estudiantes de la escuela. La exreina de las porristas termina fregando grasa en un restaurante, mientras el vicepresidente de clase llora en una copistería. Cubierto de lodo, Darío le suplica a Elena: «¡Retira los cargos! ¡Aún debo jugar en la NCAA!». Elena cierra la ventanilla: «Ser joven no es excusa para hacer daño. La ley no perdona». Mientras todos celebran su caída, Elena entra a una universidad de élite, y recibe una oferta confidencial de la Corte Suprema.